QuinceJunio2018

Recuerdo que un día en la escuela, un maestro nos habló sobre la acción de robar.

El que hurta, está robando material, ya sea dinero u otra cosa. El que mata, roba vida… ¿y el que acosa?, ¿qué roba el que acosa? Períodos de tiempo, tranquilidad, seguridad, libertad,…

Por eso hoy quiero hablar de ellos, de los que roban.

Son muchas las veces que he visto en el telediario, en lo que llevo de vida, cómo unas personas se aprovechan de otras para robar. No quiero referirme a lo material, que está mal, sí, pero lo material se puede recuperar…hablo de cuando un padre/madre mata a un hijo, cuando una mujer/hombre es maltratada/o, cuando un niño/a sufre acoso,…. ¿quién devuelve el tiempo a esas personas?, ¿y la seguridad?, ¿la calma?, ¿quién devuelve la paz? Es lo más grave que puede existir…robar la PAZ…y, desgraciadamente, no siempre se conocen todos los casos. Algunos salen en la televisión cuando ya no hay remedio, cuando el mal ya está hecho,…pero otras veces permanece escondido en el cuerpo y el corazón de quien lo sufre… siendo prisionero de ello mientras quien lo  hace está libre para seguir haciéndolo y duerme plácidamente. ¿Por qué? Me lo pregunto muchas veces, ¿por qué el verdugo duerme tranquilamente y la víctima no pega ojo, sintiéndose incluso, a veces, culpable? ¿Por qué?

¿Están bien puestas las leyes? ¿Merece una persona que ha matado, violado, acosado a otra persona la oportunidad de cambiar? Ahora, tu que estás leyendo, plantea la misma pregunta pero hacia tu hija o hijo, hermana o hermano, madre o padre,….

¿Qué se debe hacer ante tal situación? A veces la ley no es justa… ¿o sí?

¿Qué deben hacer las víctimas? ¿Un psicólogo es la solución? ¿Nos ayudan ellos a pasar de oruga a mariposa o realmente la solución está en uno mismo?

Hay veces que luchamos en batallas como protagonistas pero de cara a los demás ni siquiera somos público. Hay veces que el mismo cuadro es interpretado de diferente manera. Incluso una mirada, depende de quien la mire.

¿A qué se debe agarrar una persona ante la situación de tantas y tantas personas que sufren algo así cada día o que lo han sufrido alguna vez? En nuestro mundo, ¡qué desgracia!, hay muchas historia de este tipo pero no todas son capaces de ser escritas…o peor, de ser leídas. ¿Después qué se debe hacer? ¿Y si no tienes apoyo?, ¿y si nadie te creyera y no tienes pruebas?

¿Quién tiene la respuesta a tanta pregunta? ¿Hay que esperar a ser mariposa y volar o hay que enfrentar la situación cuando se es oruga? ¿Hay que dar un portazo y decir adiós o dar un guantazo y levantar la cabeza? ¿O las dos cosas? Hay tantos casos….tan diferentes…

 

Yo, personalmente, estoy agotada de noticias así. Injusticia tras injusticia, mal tras mal,… ¿Hasta dónde va a llegar el ser humano? ¿Por qué es así? ¿Por sentirse superior?

Desde estas humildes letras quiero animar a cada persona que sienta que está siendo robada a que actúe. Denuncia. Denuncia si te roban parte de tu ser o si conoces a alguien que esté siendo robada. Denuncia a quien te está cortando las alas, a quien te pinte los días del color más oscuro. Rebélate. Píntate. Renuévate. Tú puedes salvarte, es cuestión de tiempo que aprendas a volar de nuevo. Todo depende de ti, de tu fuerza mental. La vida es muy larga y si hoy ves que la cuesta está demasiado empinada, no te martirices…todo lo que sube, baja.  Ahora eres más fuerte, no desaproveches la oportunidad que la vida te está dando para quererte más y grita. Seguir leyendo “QuinceJunio2018”

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CatorceJunio2018

Hoy nos hemos conocido.

Hace tiempo que pienso en ti pero nunca me he atrevido a escribirte.

Hoy, amiga, es el día en que nuestros caminos, al leerme tu y al escribirte yo, se han encontrado.

Han pasado muchas mujeres por mis oídos, por mis ojos,… pero ninguna como la que veo cuando me miro al espejo. Cada una somos única y el espejo nos lo dice cada vez que tenemos una cita con él.

He conocido valientes y, por eso, quiero dedicar este espacio a ellas. A las madres que lo dieron todo de sí mismas y se olvidaron de que ellas, también son mujeres. O, simplemente, de que ellas también son. A las mujeres que se confundieron de compañero de viaje o, incluso, de viaje. A las abuelas que dejaron de ver a sus nietos por malentendidos y orgullos. A las chicas que recibieron una palabra machista y no se atrevieron a dar un puñetazo. A las que, cuando se sentaban en el pupitre, se refugiaban en un libro para olvidar que estaban solas. A las que tropezaron una y mil veces con el mismo nombre. A las que no aprendieron y a las que sí lo hicieron. A las que salieron corriendo y a las que siguen atadas. A las que en un grito echaron toda la mierda y a las que no se las oye porque hasta han olvidado gritar. A las que saben escribir, a las que no saben leer. A las que madrugan, a las que ni se peinan. A las que llevan tacones y a las que sienten el suelo en sus pies. A las que respiran aire fresco y a las que cada día se contaminan. A las que sonríen y a las que lloran. A las que luchan y pelean, discuten y se dejan ver. A las que se esconden también. A las que están perdidas y a las que no quieren ser encontradas. A las que viajan. A las que tienen arrugas en la piel y a las que  tienen experiencias en los bolsillos. A las que con una mirada lo dicen todo y a las que están ciegas. A las que viven en una montaña, a las del llano y a las que nadan. A las que ríen a carcajadas a la vez que liberan lágrimas. A las que no duermen  y a las que caen rendidas. A las que hablan solas y a las que están solas. A las que necesitan un abrazo y a las que les cuesta pedirlo.

A todas y a ti.

Gracias por leerme, encantada de escribirte.