DieciséisJunio2018

Hoy he conocido a Teresa.

 

 

 

 

Llora Teresa….

Llora porque no sabe abrir las esposas que la amarran a la vida que no quiere. Llora porque no encuentra la llave.

 

No pierdas tu vida, Teresa.

Decide, que las decisiones conducen a grandes cambios y los cambios siempre son necesarios.

 

….Cambio, gracias por existir, por ser amigo de las oportunidades, ir de la mano del entusiasmo y creer en ti mismo.

El cambio…

ese que llama a tu puerta cuando ni has hecho café.

Llega después del esfuerzo cuando ni te acuerdas de él.

El cambio…

ese que te regala un papel en blanco.

Ese que, sin querer, hace cosquillas en la yema de los dedos.

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CatorceJunio2018

Hoy nos hemos conocido.

Hace tiempo que pienso en ti pero nunca me he atrevido a escribirte.

Hoy, amiga, es el día en que nuestros caminos, al leerme tu y al escribirte yo, se han encontrado.

Han pasado muchas mujeres por mis oídos, por mis ojos,… pero ninguna como la que veo cuando me miro al espejo. Cada una somos única y el espejo nos lo dice cada vez que tenemos una cita con él.

He conocido valientes y, por eso, quiero dedicar este espacio a ellas. A las madres que lo dieron todo de sí mismas y se olvidaron de que ellas, también son mujeres. O, simplemente, de que ellas también son. A las mujeres que se confundieron de compañero de viaje o, incluso, de viaje. A las abuelas que dejaron de ver a sus nietos por malentendidos y orgullos. A las chicas que recibieron una palabra machista y no se atrevieron a dar un puñetazo. A las que, cuando se sentaban en el pupitre, se refugiaban en un libro para olvidar que estaban solas. A las que tropezaron una y mil veces con el mismo nombre. A las que no aprendieron y a las que sí lo hicieron. A las que salieron corriendo y a las que siguen atadas. A las que en un grito echaron toda la mierda y a las que no se las oye porque hasta han olvidado gritar. A las que saben escribir, a las que no saben leer. A las que madrugan, a las que ni se peinan. A las que llevan tacones y a las que sienten el suelo en sus pies. A las que respiran aire fresco y a las que cada día se contaminan. A las que sonríen y a las que lloran. A las que luchan y pelean, discuten y se dejan ver. A las que se esconden también. A las que están perdidas y a las que no quieren ser encontradas. A las que viajan. A las que tienen arrugas en la piel y a las que  tienen experiencias en los bolsillos. A las que con una mirada lo dicen todo y a las que están ciegas. A las que viven en una montaña, a las del llano y a las que nadan. A las que ríen a carcajadas a la vez que liberan lágrimas. A las que no duermen  y a las que caen rendidas. A las que hablan solas y a las que están solas. A las que necesitan un abrazo y a las que les cuesta pedirlo.

A todas y a ti.

Gracias por leerme, encantada de escribirte.